Los maestros de la India

Los maestros de la India nos enseñan a pensar que no es cierto nada de lo que vemos, que la serpiente es una ilusión y que se disipa en la nada cuando descubrimos que es una soga, pero tampoco la soga existe, nos acercamos y no podemos cogerla porque descubrimos que sólo era una sombra. Pero tampoco la sombra existe, alguna ventana se abre y la luz hace desaparecer la sombra, nos movemos en la luz por un instante hasta que descubrimos que no nos estamos moviendo, que no hay lugares a los que acercarse o alejarse, nos miramos las manos y no las vemos, tampoco nosotros existimos, ni siquiera existe la comprensión de la ilusión en la que hemos vivido. No hay dos. Todo es uno. Nadie contempla, nada es contemplado. En su radicalidad ilusionista, los maestros de la India se disuelven a sí mismos y toda su sabiduría, porque lo único que no explican es por qué existe la ilusión de que algo existe.

(Dos comentarios a Los maestros de la India)

Han llegado dos comentarios relacionados con una entrada que escribí este mes llamada Los maestros de la India.

Como el texto original es breve, lo copio aquí para que no tengas que saltar de un sitio a otro si no lo leiste en su momento.

“Los maestros de la India nos enseñan a pensar que no es cierto nada de lo que vemos, que la serpiente es una ilusión y que se disipa en la nada cuando descubrimos que es una soga, pero tampoco la soga existe, nos acercamos y no podemos cogerla porque descubrimos que sólo era una sombra. Pero tampoco la sombra existe, alguna ventana se abre y la luz hace desaparecer la sombra, nos movemos en la luz por un instante hasta que descubrimos que no nos estamos moviendo, que no hay lugares a los que acercarse o alejarse, nos miramos las manos y no las vemos, tampoco nosotros existimos, ni siquiera existe la comprensión de la ilusión en la que hemos vivido. No hay dos. Todo es uno. Nadie contempla, nada es contemplado. En su radicalidad ilusionista, los maestros de la India se disuelven a sí mismos y toda su sabiduría, porque lo único que no explican es por qué existe la ilusión de que algo existe.”

El primer comentario es de Tina.

“Posiblemente lo que, como dices, nos enseñan los maestros de la India sirve -a lo mejor- para mantener en función la conviviencia de una cantidad determinada de individuos sin que se mate el uno al otro ni que destruyan lo que les hace falta para sobrevivir. Los que tenían la ventaja de desarrollar su pensamiento hasta poder poner en duda ciertas ideologías están habilitados para reflexionar sobre sus propios actos y los consecuencias que conllevan, todo y que también a ellos conviene ajuntarse a una ética que promueve una vida pacífica y sostenible.”

Bien. No sé qué contestar. En realidad mi intención sólo era referirme a la explicación metafísica que dan algunos maestros, sabios o gurús de la India acerca de cómo está hecha la realidad. No pensaba en su posible función social.

La verdad es que resulta difícil saber si esos maestros de la India que nos dicen que todo es pura ilusión ayudan o perjudican a la sociedad. En el hermoso Bagavad Gita, el dios Krishna se aparece al guerrero Arjuna, que no quiere combatir en una terrible batalla contra sus parientes. Mediante argumentos relacionados con lo ilusorio de este mundo y con la visión de conjunto (lo que desde nuestro punto de vista humano no es comprensible, sí que lo es desde un punto de vista cósmico y/o divino), le convence para ir al sangriento combate.

Para mí, las consecuencias morales de tales doctrinas metafísicas son detestables, y prefiero sin dudarlo al ignorante pero pacífico Arjuna, antes de que conozca la esencia de la realidad y se lance alegremente a matar a sus parientes.

En general, creo que cualquier doctrina que diga que todo este mundo es ilusorio, no suele ayudar a la humanidad, sino que perpetúa el crimen, la pobreza, el hambre y la injusticia, porque quienes son explotados y maltratados en vez de intentar vivir de otra manera o cambiar lo que existe en este mundo imperfecto, se preparan para un supuesto mundo perfecto más allá de lo material.

Alguien podría decir que Gandhi es un ejemplo de que no tiene por qué ser así y que las doctrinas indias no llevan necesariamente a la inacción y a soportar la injusticia resignadamente. Sin embargo, Gandhi debe más, en lo que se refiere a su lucha social contra las castas y contra la pobreza, a las ideas de los ilustrados, de las revoluciones inglesa, americana y francesa, que a las doctrinas de la India. Su insistencia en tocar a los intocables le costó mucho disgustos con los creyentes hinduístas (creo que incluso la separación de su esposa).

Otra cuestión es que la lucha por cambiar el mundo material conduzca también a crímenes e injusticia, como bien nos ha mostrado el siglo XX. Pero en lógica formal lo primero que se aprende es que el que algo no funcione no implica que su opuesto sí funcione.

Pero creo que, sea este mundo que vivimos y percibimos una ilusión o no, ante la certeza del sufrimiento es bueno buscar maneras de remediarlo. En mi opinión, sin recurrir a la violencia (comparto sin ninguna duda las ideas de Gandhi que más que las de los revolucionarios armados), que es precisamente lo que Tina dice al final de su comentario.

Las doctrinas de la India, con excepción del jainismo (muy minoritario) y el budismo (que fue expulsado del subcontinente indio tras unos siglos de dominio), generalmente han ayudado a mantener cosas tan horribles como el sistema de castas, que no es, desde luego, una manera de ayudar a la convivencia. Son doctrinas de una elevada sutileza metafísica y filosófica, pero de una bajísima pobreza moral. O al menos casi siempre han sido utilizadas en ese sentido.

Podemos preguntarnos, por supuesto, si Sankara, Nagarguna, Patanjali, Gaudapada, Nagasena o cualquier otro pensador es responsable de lo que han hecho sus seguidores con sus ideas (como podemos preguntarnos si Jesucristo es responsable de los crímenes del cristianismo). Pero esto habría que ir examinándolo uno a uno, pensador a pensador.

El segundo comentario es de Kathia, y se refiere al aspecto metafísico y filosófico de la cuestión:

“Aunque suele traducirse a la palabra “maya” por ilusión, resulta un tanto confuso y reductor. Puede considerarse a esta palabra como procedente de la raíz sánscrita “ma” que significa “limitar” o “dividir”, con lo que “maya” adquiere el significado de “lo que es/está limitado” o “lo que es/está dividido” refiriéndose, claro está, al mundo manifestado donde existen las diferencias y la dualidad.
Pero “ma” también puede tomar el valor de una negación y en este caso “maya” significará “lo que no es/está”. Desde el “punto de vista” del Absoluto, lo Relativo no existe ya que no es permanente y no se basta a sí mismo. Por otra parte, y puesto que el Absoluto sigue siendo trascendente incluso al manifestarse, lo Relativo “no es” el Absoluto sino tan solo un elemento del todo, así como las olas “no son” el océano.
Pero no por ello esta parte del todo se convierte en una ilusión: es una realidad, al igual que las olas del océano son reales. Sin embargo para aquel que ha experimentado el estado de iluminación, el mundo relativo no constituye a él solo a la verdad, pues para él la verdad es la unión del Absoluto con lo Relativo.

Decía Nâgârjuna “Mientras haces una diferencia entre el samsâra y el nirvâna, sigues estando en el samsâra”.

El filósofo contemporáneo André Comte-Sponville nos lo recuerda con otras palabras “Nous ne sommes séparés de l’absolu ou de l’éternité que par nous-mêmes” (Estamos separados del absoluto o de la eternidad tan solo por nosotros mismos).

(Ésta es una donación nirvanesca india)

Gracias por la donación, realmente impresionante.

Aquí la respuesta es mucho más difícil.

Habría que estudiar a fondo la manera en que se explica esa ilusión y esa separación que no es separación entre el mundo real y el mundo aparente. Todas las religiones desarrolladas llegan a planteamientos semejantes a este que describe Kathia.

Por una parte, casi toda religión se basa por necesidad lógica en la distinción entre apariencia y realidad, pues, de no ser así, serían ciencia o investigación.

Pero, por otro lado, se suele llegar a la conclusión de que esa dualidad es también aparente. Es el paso lógico que cualquiera que se preocupe de examinar la realidad real (se llame Dios, nirvana o como se quiera) tiene que dar casi obligatoriamente. En el cristianismo también se llega a esta conclusión, tanto por parte de los gnósticos, como del fascinante Escoto Erígena, Malebranche, Berkeley e incluso Leibniz y Hegel.

En las creencias monoteístas que creen en un Dios omnipotente, eterno y perfecto, al principio se supone que Dios es distinto de la materia, puesto que la materia es imperfecta.

Sin embargo, si es realmente distinto de la materia, entonces la materia no necesita propiamente de Dios.

Por otro lado esa materia es imperfcta, lo que atenta contra la perfección de Dios, puesto que él la ha creado.

Por si esto fuera poco, Dios no está en el tiempo, sino en la eternidad, pero si actúa en el mundo, entonces está en el tiempo, como la materia.

Para evitar todos estos problemas, y muchos otros implicados en conceptos como Perfección, Eternidad u Omnipotencia, al final se tiene que desembocar en la disolución de la dualidad Dios/Mundo.

Lo mismo que sucede en el cristianismo podemos encontrarlo en el Islam, por ejemplo en el concepto de la extinción y de la extinción de la extinción (fanah al fanah, si no recuerdo mal). También en el budismo y sus metáforas, como la de la barca para cruzar a la otra orilla; y cuando estás en la otra orilla te das cuenta de que no hay ni barca ni orillas, que es semejante a la hermosa comparación que menciona Kathia de las olas y el mar.

Por supuesto que esto mismo se repite una y otra vez en el zen japonés, heredero del ch’an chino, que a su vez procede del dhyana budista indio. Y estas mismas conclusiones son las que se alcanzan en gran parte de las filosofías ortodoxas indias (las que aceptan la sacralidad de los Vedas).

Sin embargo, estas ideas, siempre sutiles, se basan en un doble juego que tiene algo de prestidigitación, como el truco de la serpiente y el bastón.

En primer lugar, están compuestas de una parte fuertemente intelectual, que puede resultar más o menos convincente y sugerente (lo es, y mucho), pero que al fin y al cabo no es otra cosa que construcciones abstractas a partir de conceptos.

Yo no creo mucho en la metafísica conceptual, aquella que a partir de palabras o conceptos como eternidad, omnipresencia, no dualidad, perfección, etcétera, construye un impresionante edificio de deducciones lógico-metafísicas. Es algo que han practicado no sólo los místicos, sino también muchos filósofos, desde Platón a Descartes, Leibniz o Hegel.

Ese tipo de filosofías es lo que hizo exclamar a Bertrand Russell: “A menudo pienso que la filosofía es una rama de la literatura”. Y en concreto, cabría añadir, de la literatura fantástica. Para bien y para mal.

El segundo elemento de ese juego de prestidigitación no es intelectual, sino emocional. Consiste en la apelación a la Revelación, la Iluminación o cualquier otro método no puramente intelectivo, empírico o razonable (en el sentido de poder ser sometido a razonamiento).

A lo largo de la historia ha habido miles de personas que dicen haber tenido revelaciones e iluminaciones. Podemos creer en lo que nos dicen o no, como queramos.

El problema es que, según ellos, eso es una cosa que se siente pero que no se puede explicar a quien no lo ha experimentado. Como es obvio, aquí la cosa se complica todavía más.

Siempre que nos acercamos a planteamientos místicos o paranormalistas, parece haber un complot de la Realidad real, a la que por alguna inexplicable razón no le gusta ser conocida, o que sólo permite acceder a sus secretos a quienes superan una especie de concurso lleno de complicadas pruebas, que son siempre incompatibles con este mundo material tan aparente pero tan tenaz.

Hay quien dice que, aunque no podamos explicar o recibir la explicación proporcionada por la iluminación, sí que podemos percibir los efectos beneficiosos que ha tenido sobre aquellos que la han experimentado. Naturalmente, eso es de nuevo muy subjetivo, porque el hecho de que una persona nos parezca admirable tampoco es una prueba de que lo sea a causa de lo que cree, o por lo que cree haber experimentado.

Hace unos días discutía con una amiga acerca del crsitianismo. Es cierto que hay cristianos admirables. Estoy suscrito a una revista cristiana (El ciervo) que coincide más con mis ideas que casi todas las de los ateos (yo soy ateo, o agnóstico si se prefiere, algún día explicaré en qué sentido soy una u otra cosa).

Pero el que un cristiano sea admirable no implica que lo sea gracias al cristianismo: es posible que él mejore más al cristianismo de lo que el cristianismo le mejora a él.

Francisco de Asís era un cristiano admirable y pacífico, pero Domingo de Guzmán fue un asesino violento. Los dos se conocieron y parecían creer lo mismo. Francisco subió al monte y tuvo una Revelación en la que Jesús le dejó los célebres estigmas. Domingo afirmaba que veía con regularidad a la virgen. ¿Era cierto?

Francisco de Asís

Tal vez podemos dudar de la revelación de Francisco simplemente por dos detalles: Subió al monte casi a punto de perder la fe y bajó con las llagas, pero nadie más que él vio lo que le pasó. El segundo detalle es que tenía los agujeros en las palmas de las manos, que es como se suele creer que los tuvo Jesucristo, pero Jesucristo, como todos los crucificados fue clavado por las muñecas (una mano clavada se desclava por el peso, pues no hay ningún hueso que la retenga).

Jesucristo crucificado

Reconstrucción de cómo debió ser crucificado Jesucrito

Yo creo que Francisco fue una gran persona, de la que he aprendido mucho, pero también un pequeño mentiroso. No es grave, tan sólo un pecado venial. Creo también que hizo mucho más para mejorar el cristianismo que a la inversa.

Y creo, como comentaba el otro día con mi amiga, que el verdadero mérito de Francisco y de Jesucristo no consiste en tener revelaciones o ser hijo de Dios (o Dios mismo), sino en ser hombres.

Si Jesucristo existió, cosas que no es segura, fue un gran pensador moral. Pero, si era Dios hecho hombre, entonces es verdaderamente poco lo que hizo por ayudar a la humanidad. Si Dios planeó bajar a la tierra y lo hizo de esa manera, sabiendo que su religión se iba a convertir en una Iglesia cruel que dominaría Occidente dutrante siglos, denota una intención o una capacidad divina bastante miserable.

Bueno, me temo que me he desviado bastante del tema y no he contestado muy bien al comentario de Kathia. Hace demasiados años de mis intensísimas y deliciosas lecturas de filosofía india, que tal vez recupere y pueda contestar con más tino y precisión.

De hecho tampoco había por qué contestar pues en el comentario se explica muy bien el asunto tratado y la posible solución del problema de la ilusión del que hablaba yo en Los maestros de la India, que en realidad era sólo un divertimento a propósito del problema de la ilusión (pensaba en la maravillosa escena de Kim de la India en la que someten a Kim a un curso de ilusionismo mágico y metafísico acelerado).

Al parecer el problema al que me refiero en mi comentario inquietó a los propios defensores de la doctrina del ilusionismo. Algunas versiones, si no recuerdo mal, sostenían que este tipo de argumentos servían para refutar todas las metafísicas conceptuales, al demostrar que todas llevan al absurdo. Me gusta esta versión, que es verdaderamente razonable.

Y, según creo recordar también, el propio Samkara tuvo que moderar el ilusionismo porque se llegaba a un punto en el que, puesto que no existían distinciones y ni siquiera existía nada de lo que parece existir, tampoco había por qué considerar que quienes habían llegado a tan sutiles conclusiones merecieran un respeto especial (pues ello también sería dualismo).

Los sabios metafísicos, incluso los sabios de la India, también saben echar el freno cuando su propia subsistencia o sus férreas distinciones, como la de las castas (¿no habíamos quedado en que todo era lo mismo?) empiezan a verse en peligro.

He mantenido en los últimos meses algunas discusiones teológicas bastante interesantes. Todo empezó con uan entrada que publiqué el 5 de diciembre de 2007…

Dice el Gaudapada Gita:

¿Cómo puede alguien creer que un ser inmortal puede cambiar su naturaleza y devenir mortal, mantener que lo inmortal —aunque le haya ocurrido esto— permanece sin cambio?

Es un argumento prácticamente irrebatible, al que los cristianos se tienen que enfrentar cuando definen a Dios como eterno y al mismo tiempo pretenden explicar su intervención en lo no eterno. Y creo que las respuestas de los cristianos son mera palabrería ante un callejón lógico sin solución.

Sin embargo, el propio Gaudapada no escapa a un reproche similar: La ilusión de la ilusión.

Gaudapada fue un filósofo indio que anticipó las ideas de la escuela advaita vedanta de Shankara, que renovaron el hinduísmo, aprovechando los hallazgos del budismo, que tras dominar durante varios siglos la vida intelectual de la India, fue apartado de nuevo por las doctrinas ortodoxas basadas en los Vedas. Los Vedas son los primeros textos religiosos indios, generalmente himnos a los dioses, y se supone que fueron escritos por los invasores arios que llegaron a la India tal vez hacia el año -1200.

Los Vedas fueron comentados en otros textos que se llaman Upanishads, y que tienen un contenido mucho más filosófico.

A su vez, los Upanishads fueron comentados en otros textos que se llaman karikas o comentarios. Gaudapada hizo un karika o comentario de uno de los Upanisads, el llamado Mandukya. Ese karika suele ser llamado Gaudapada Gita, algo que se podría traducir por la canción de Gaudapada o algo semejante.

Recibí una respuesta a mi opinión acerca del problema de los cristianos consistente en tener a un Dios eterno que sin embargo actúa e incluso se convierte en mortal (Jesucristo). El argumento de Gaudapada en el que señala ese problema probablemente se escribió no pensando en los cristianos, sino en los musulmanes, que ya habían llegado a la India o estaban cerca (Gaudapada vivió en el siglo VIII).

Esta es la respuesta, que procedía de una página cristiana:

¿Cómo puedes explicar que un ser que es eterno y que tiene los atributos de omnipotencia (todo lo puede), omnipresencia (está en todo los lugares siempre) y omniciencia (todo lo sabe), creador de todo, no [pueda] meterse en su obra de la forma de le plazca?
¿Acaso el autor de una novela no tiene la libertad de introducirse como un personaje en la historia que escribe?
Esto que vivimos y vemos lo invento Dios, ¿acaso el no puede hacer lo que quiera con las reglas de juego, que ni siquiera nosotros conocemos bien?.

Es un planteamiento interesante, aunque no se refiera estrictamente a lo planteado por Gaudapada o por mí.

Esto es lo que respondí:

Tu pregunta exigiría una larguísima respuesta. Sólo señalaré algunas cosas:
1) Según todos los teólogos cristianos, o la menos los más importantes, desde Agustín de Hipona a Tomás de Aquino, Dios es acto y en ningún caso potencia. Esa es una de sus cualidades, como las que citas de omnipotencia, omnipresencia y omniciencia. Pero el problema es que no se puede ser al mismo tiempo todo acto y al mismo tiempo cambiar.
2) El dilema lo intenta resolver cada teólogo a su manera, desde los ya citados a Escoto Erígena, y otros que son fascinantes en su intento de explicar lo inexplicable.
3) El problema llegó a su punto culminante tal vez en la discusión entre Leibniz y Clarke (tras el que se ocultaba Newton) acerca de si Dios intervenía o no intervenía en el mundo, por ejemplo a través de los milagros y la Revelación. El problema era grave, porque si Dios intervenía entonces, en primer lugar, el mundo no era perfecto y necesitaba de reparación constante (lo que va contra la omnipotencia, omnisciencia, etcétera de Dios).
Pero si no intervenía, entonces parecía que Dios era ajeno al mundo y su devenir (que es lo que significa vivir en la eternidad).
Newton, sin duda porque comprendía que era un problema insoluble (eternidad e intervención), era en secreto sociniano, es decir, creía que Dios no era perfecto, ni omnipotente y que sin duda era inmortal pero no vivía en la eternidad (no es lo mismo inmortalidad que eternidad, según los propios cristianos ortodoxos). Para Newton, Dios era muy muy poderoso, pero no omnipotente.
4) La comparación con el autor de la novela está bien (yo la hago a menudo, por ejemplo en:
Nozick y la justificación del mal

La autonomía de los personajes y Nozick

Autores, dioses y hombres

Sin embargo, la analogía falla en un punto importante: el autor de una novela cuando se mete en su novela, cuando la escribe o cuando la corrige CAMBIA. No es el mismo que era antes de hacer esas cosas.
Y lo que Gaudapada y yo discutíamos era precisamente eso: la inmutabilidad y eternidad de Dios. Con lo que tu comparación sirve para darnos la razón.

En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.

En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.

De todos modos, agradezco mucho tu comentario.

Por cierto, el propio Gaudapada no se libra por su parte de caer en argumentos capciosos y palabreros (lo digo con todo respeto, pero creo que es la realidad) cuando tiene que defender su propio sistema. Puedes comprobarlo en: La ilusión de la ilusión

Más adelante se verá a qué me refiero con eso de que Gaudapada también utiliza argumentos capciosos. Pero antes, sigamos con la discusión, porque mi interlocutor, ese mismo día (5 de didciembre de 2007) me envió una nueva respuesta:

Cuando un autor entra como personaje en su novela, no cambia, al contrario se plasma en ella, sigue siendo él, se revela en su obra, no cambia, su naturaleza sigue siendo el mismo, y es mas ocurre algo interesante es capaz de cambiar su creacion sin ser cambiado en su naturaleza.
Sobre el estudiar o tratar de explicar a Dios, no es que no crea que se puede hacer el intento, lo que insisto es que tengamos en cuenta que las conclusiones teologicas a las que podamos llegar, están faltas de muchos datos que son incomprensibles a la mente, datos que no tenemos a la mano y para el colmo nuestro prejuicio sobre el tema.
Bien lo decia Kant, la verdad es incognocitiva, y es ahí donde está el gran don de los evangelios, si la verdad es inconogcitiva por eso es ella quien tiene que revelarse y lo hizo en Cristo.
Es por ello que reza la Torá muy bien al decir: “Lo oculto pertenece a Dios y lo revelado a nosotros y a nuestros hijos.”

La Torá son los libros sagrados de los judíos, no enteramente coincidnetes con el Antigüo Testamento de los cristianos.

Ese mismo día, volví a responder a mi corresponsal:

“Insisto en que un autor sí que cambia al escribir al meterse como personaje en una novela: cambia en cada línea que escribe, a cada momento que va escribiendo. La inmutabilidad de Dios impide ese cambio y más aún cosas como aquello de “Al séptimo día descansó” (¿descanso un Dios omnipotente?)
Además, yo, como escritor o autor que soy, considero que ya no soy el mismo tras cada libro que escribo. Sería triste que no me cambiara el hecho de escribir un libro.
Otra diferencia importante es precisamente que el personaje no cambia (El Don Quijote de Cervantes hace siempre lo mismo en su libro) mientras que nosotros, los seres humanos, sí que cambiamos (¿Nos reescribe Dios constantemente?). En cualquier caso la metáfora o analogía Dios-Autor con ser humano-autor puede ser más o menos precisa, pero, al fin y al cabo, las metáforas son sólo una manera de sugerir algo, pero nunca de demostrar algo.
Respecto a lo de estudiar o explicar a Dios…
Me temo que será una discusión difícil, porque deduzco que tú eres creyente. El problema al discutir con un creyente es que éste no busca la verdad, sino que quiere asentar una supuesta verdad ya aceptada de antemano por él: la creencia en su Dios.
En las discusiones yo prefiero buscar la verdad, aunque eso vaya en contra de mis teorías iniciales.
Creo, como decía Agustín, que en la discusión el que pierde, gana. Pero un creyente no está dispuesto a perder porque no busca honestamente la verdad que pueda surgir de la discusión.
Date cuenta simplemente de que tú pareces creer en Dios, y en ese Dios tan lleno de definiciones (omnipotente, omnisciente, etc) por la revelación de Cristo.
Pero para creer en la revelación de Cristo, primero hay que creer:
1) Que Cristo existió
2) Que lo que nos cuentan los evangelios es lo que Cristo dijo realmente.
3) Que la interpretación que se hace de los evangelios es fiable.
Simplemente pensando en el tercer punto, basta con recordar que en el cristianismo ha habido multitud de sectas e interpretadores (ahora mismo hay al menos tres ramas fundamentales: ortodoxos, católicos y protestantes). No cabe ninguna duda, por ejemplo, de que las creencias actuales y las de los primeros cristianos no coinciden en casi nada.
Así que no es tan sencillo saber a qué revelación debe hacer uno caso, porque no es Dios quien nos habla, sino sus interpretadores. ¿Por qué no creer, además, en la revelación de Mahoma o en la de Mitra o Zaratustra?
En definitiva, discutir acerca de la verdad o no de la Revelación es igualmente complicado. Yo prefiero discutir con honestidad acerca de la verdad, de las pequeñas verdades a las que podamos acceder, sin usar prejuicios tales como la creencia en una revelación, puesto que: ¿Cómo pueden resultarle siquiera convincentes los argumentos basados en la Revelación a quien no cree o duda de esa Revelación?
Si tú discutieras con un musulmán, él te diría lo mismo a ti que tú me dices a mí acerca de la Revelación, pero sustituiría el nombre de Cristo por el de Mahoma.

Así quedó la cosa durante más de tres meses, hasta que el 29 de marzo de 2008 llegó un nuevo mensaje, esta vez de alguien llamado Miguel:

Me parece que confundes los conceptos, aparte de calificar de deshonestos a los creyentes, así, en general. El creyente no renuncia a buscar la verdad, porque debe creer tras el examen cuidadoso de la realidad, incluyendo lecturas de autores de todo tipo a lo largo de la Historia, y tras una continua meditación y deliberación interior. Por ello, no podrá tener certeza de las atribuciones de Dios por medio de la fe. Sólo una deliberación racional le podrá conferir esa certeza, o la contraria en su caso. La fe es una esperanza que uno decide abrazar voluntariamente, pero no veo porqué eso excluye el examen crítico previo de la realidad del mundo y la existencia humanas. Es plenamente compatible con una mente racional, como fue un excelente ejemplo Tomás de Aquino.
Ah, y lo que creen los cristianos de ahora y los primitivos es básicamente lo mismo, pues creer en Dios omnipotente, la Trinidad, la Resurrección de Cristo y la vida eterna es el mismo Credo que hace 2.000 años, por mucho que muchas afirmaciones hayan sido matizadas o iluminadas.

Y esta fue mi respuesta:

Bueno, no sé si quedaba suficientemente claro por el contexto, así que lo aclaro aquí: en ningún momento he pensado o pienso que los creyentes,así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad, también así en general, o sobre los diversos temas particulares.
Sólo me refiero a la discusión concreta acerca de Dios con un creyente de cualquier confesión. Ese asunto es lo que los psicólogos llaman un punto ciego: una región intelectual en la que uno deja de razonar de la manera en que lo hace normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas.
Cuando uno discute, digamos, con un comunista fervoroso, o con un fascista acerca de sus ideas políticas, uno sabe que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta absolutamente baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.
A eso me refería. Cuando uno habla con un católico, sabe que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque él haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados).
Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.
En cuanto al ejemplo de Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, si te soy sincero, pienso que es un talento desperdiciado, viéndose obligado a justificar y argumentar dogmas que a veces son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto.
Pero como esa era la doctrina cristiana…

En cuanto a que los cristianos de ahora y los de hace 2000 años crean lo mismo, bueno…
Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que probablemente no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo.
Por poner un ejemplo, lo que mencionas de la Trinidad. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial, que fue establecido, sino recuerdo mal, en el Concilio de NIcea, hacia el año 300 después de cristo.
Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento puso en duda de ninguna manera que Dios, como creían los judíos (y el era judío) era Uno, y una sola y única persona.
Baste con ese ejemplo para mostrarte como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender cosas no buscando la verdad, sino buscando adecuarse a lo que decidieron unos señores más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.
A cosas como estas me refería.
Y aquí se ha quedado la cosa por el momento. A lo largo de la polémica he dicho varias veces que Gaudapada (el culpable al fin y al cabo de todo este embrollo) caía en argumentos tan capciosos como el del Dios inmutable y mutable del cristianismo. Lo de Gaudapada lo explico en La ilusión de la ilusión, texto que también tuvo respuestas (en paralelo con las del asunto de la eternidad que ya hemos visto):

Como pasa en todas las doctrinas monistas o no dualistas, tampoco en el Gaudapada Gita (de la escuela advaita vedanta) se consigue explicar la ilusión.
Sí, todo es ilusión (maya), no hay esto y lo otro, no hay ni siquiera Atman y Brahman, sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión? Es un problema idéntico al que ellos mismos critican en los que, como los cristianos, creen en un Dios eterno fuera del tiempo: ¿cómo puede intervenir lo eterno, que es siempre actual, en lo transitorio (y potencial) sin dejar de ser eterno?
¿Por qué en algo indiferenciado puede darse algo como la ilusión? ¿Acaso no es diferente la ilusión de [aquello que] es sólo real y no ilusorio? Las respuestas a esta cuestión son en las doctrinas indias semejantes a las cristianas: pura verbosidad, enredo y palabrería.

Llegaron dos comentarios de Tintín:

“…sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión?….”

Ttodo no es imaginario ni ilusorio. Lo Real no es maya ni ilusión. La ilusión está en nuestra percepción de lo Real y no en lo Real. Por lo tanto de lo no dual no surge la ilusión.

Por cierto, ¿es verdad que Gaudapada era en origen un budista? esto es lo que sostienen algunos autores. Por otra parte, desde sus inicios, las otras escuelas filosóficas indias siempre han acusado al vendanta de ser un budismo disfrazado.

Respondí así a los dos comentarios:

Respuesta al primer comentario de Tintin:

Primero debo aclarar que hablo de lo dual sólo en relación con la doctrina advaita del no dualismo.
Pero el que esa doctrina sea más o menos plausible o no, no significa necesariamente que también sea correcto o incorrecto el dualismo.
A veces el materialismo, por ejemplo, puede ser llamado monismo, pero otras, quizás con más razón, pluralismo. Pero raramente se lo podrá llamar dualismo (en el sentido de distinción espíritu/materia). El materialismo no es que elija la materia frente al espíritu, sino que niega el espíritu. Con esto quiero decir que los advaita no dualistas no se enfrentan primeramente a una doctrina semejante al materialismo, sino más bien a algún tipo de dualismo que cree en la distinción espíritu/materia. Por ejemplo el maniqueísmo persa, el cristianismo o el Islam. No sé exactamente a qué dualistas se enfrentaba exactamente Gaudapada, aunque por las fechas en que vivió, no resulta improbable que tuviese en el punto de mira a los musulmanes, puesto que el Imperio Persa ya había sido borrado del mapa por los árabes unos cien años antes.
Después de esta larga aclaración, debo decir que no sé a qué te refieres exactamente. Creo que dices que lo ilusorio no tiene su origen en lo no dual, sino que es tan sólo una mera percepción errónea: no hay ilusión en lo Real, lo que, por ello, puede seguir siendo no dualista sin contradicción.
Bueno, suena bien, pero creo que el problema permanece: la ilusión (o nuestra percepción errónea) también pertenece a lo Real. Es parte de lo real (si no fuese así, seríamos dualistas).
En consecuencia, esa realidad no dual nos causa a nosotros y a nuestra percepción y, en definitiva, causa esa ilusión. La pregunta permanece: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge la percepción de una diferencia?, ¿por qué surge la percepción de una ilusión?
La pregunta, por supuesto, podría ir más lejos: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge siquiera una percepción?

Respecto al segundo comentario de Tintin:

Sí, se dice que Gaudapada fue primero budista, y él se muestra elogioso con los budistas y los respeta. Pero dada la época (hacia el 800 dC) y que los budistas habían sido expulsados de la India, parece inevitable que se volviese a los diversos vedismos (y vedantismos) que querían recuperar el prestigio de todos modos perdido ante una doctrina como el budismo, que, aunque vencida, había demostrado ser capaz de crear una metafísica mucho más sutil y, por supuesto, una ética infinitamente superior a las escuelas basadas en los Vedas.

Queda por recordar los textos que cito acerca del autor y los personajes. Son estos:

1995:
Dice Nozick, en Ficción, respecto al problema del mal, que no juzgamos que el autor de una novela sea intrínsecamente malo por hacer sufrir a sus personajes.
No si los personajes no sufren realmente. ¿Fue, dice Nozick, el padre de Hamlet realmente asesinado?
La analogía con un mundo ficticio y un sufrimiento ficticio es evidente, y puede acercarnos al Bhagavad Gita, pero nosotros sí existimos realmente…

Aquí tenemos otro Gita, esta vez el más famoso, La Bhagavad Gita o Canción del Bienaventurado, que es una parte del larguísimo Mahabarata. Pero para entender a qué me refería con lo de Nozick, escribí un comentario:

En lo anterior me refiero a varias cosas, aunque lo haga de manera sintética, y por tanto confusa.
Hay una comparación implícita entre el autor de una novela y sus personajes y el autor del universo (Dios) y los hombres. Lo que yo discuto es un aspecto crucial en esta comparación entre autores y Autores: el hecho de que sus criaturas sufren realmente.
En la Bhagavad Gita también se plantea la muerte y el sufrimiento de los hombres como aparentes, lo que sirve para justificar toda la crueldad que se le exige al príncipe Arjuna.

En la Bhagavad Gita, en efecto, Krishna se aparece al guerrero Arjuna, que duda si iniciar un combate contra sus propios parientes. El dios le convence de que en la mecánica del universo esa guerra (y todas las guerras) son necesarias, incluso buenas. Es un poema hermosísimo con un propósito moral detestable.

En otro texto también me refería a ese breve y estimulante ensayo de Robert Nozick llamado Ficción:

1993:
La agudeza de Nozick en Ficción continúa en la discusión acerca de si el autor aprende acerca de sus personajes a medida que escribe. Recuerdo todas esas frases de escritores que parecen quejarse de que sus personajes acaban cobrando vida propia y creando la novela al margen de los deseos del autor.

En un comentario aclaraba también esto:

1994:
Últimamente ha habido una pequeña polémica entre Cela y Javier Marías. Cela decía que los personajes enseguida tomaban el control, Marías que dejar que los personajes tomen el control es ser un escritor demasiado débil. Yo creo que más que tomar el control, cuando escribes algo sobre la marcha, sin rígidos esquemas previos, no es que los personajes tomen el control: es que la coherencia interna lo exige. Del mismo modo que cuando juegas al ajedrez o a cualquier otro juego con unas reglas, las variantes pueden ser infinitas, pero siempre dentro de la legalidad.

Este es un tema sobre el que se suelen montar grandes polémicas entre los escritores, en las que parece haber una especie de reproche moral a quienes se dejan dominar por sus personajes. Pero yo creo que ambas cosas son posibles: dominar a tus personajes y dejarte dominar por ellos (entendido de la forma en que lo acabo de explicar, pero también, si se quiere, de una forma incluso más posesiva). Es uno de esos temas en los que se forman dos bandos enfrentados sin que haya una verdadera razón para ello.

Y había un tercer texto relacionado con Nozick y los personajes:

1993:

Creo que Nozick, en Ficción, propone aquello que creo haber escrito: el primero (el primer autor) crea al segundo, éste al tercero, etc., hasta llegar al último, que crea al primero. Supongo que es algo que habrán pensado muchos antes que yo.

También imaginé una variante: los hombres crean a los dioses literalmente, mediante su fe. Y esos dioses a su vez crean a los hombres.

Y aquí acaba el asunto despertado por Gaudapada, que parece un gran incitador, pues ya en el blog anterior a este mantuve una conversación acerca de la ilusión (y pensaba en Gaudapada al iniciarla). Puedes leerla con este enlace:

La ilusión de la ilusión

Imposibilidades de DIOS

Se trata de argumentos acerca de Dios. Conviene aclarar que estos argumentos a veces se basan en el concepto de Dios como ser omnipotente, es decir son una consecuencia de la lógica misma de la definición de la idea “Dios”, mientras que en otras ocasiones se refieren no al concepto, sino a situaciones en las que un ser aparentemente omnipotente es declarado o declara ser Dios, como en la que se examinará más adelante.

Es decir, por un lado podemos plantearnos si hay alguna manera de saber si existe algo en la realidad que se corresponda con el concepto de Dios y ver las dificultades que se plantearían para averiguarlo. Por otro lado, podemos admitir como hipótesis que efectivamente existe Dios entendido como ser omnipotente y ver las dificultades que esto también plantea.

Primera Imposibilidad de Dios
Dios no puede demostrar que es Dios
Este argumento me parece de una lógica aplastante, pero debo admitir que no a todo el mundo se lo parece. Se lo conté a mi amigo Juanjo y estuvimos discutiendo durante una hora, mientras saboreábamos pescado frito en el puente de Ventas, junto a la M-30. Tampoco convenció a mi amiga Margarita.

Creo que no logré convencerlos porque confundieron lo que es un argumento acerca de una situación hipotética con un argumento hipotético acerca de un concepto. Este concepto es Dios.

Para evitar esa confusión, hay que entender este argumento en sus justos términos y en su precisa formulación. Dice así:

Imaginemos que un ser poderosísimo se presenta ante los hombres, o ante un sólo hombre al que quiere convencer. Este Ser afirma que él es el ser más poderoso del universo, el que lo ha creado y el que puede devolverlo a la nada. El hombre se muestra escéptico, así que este presuntuoso ser le hace alguna demostración: detiene el sol, seca los mares, traslada al hombre a una galaxia remota, elimina la violencia del comportamiento humano. Prueba tras prueba, el hombre va cediendo en su escepticismo: ahora no le cabe ninguna duda de que ese ser es poderosísimo. Pero, ¿es el ser más poderoso que existe? “Sí, lo soy”, responde el ser, “conozco el universo hasta el último confín y no existe otro ser que me sea superior” .

De acuerdo, conoce todo el universo, pero, ¿Cómo asegurar que ese universo no es sino una mota de un universo mucho mayor gobernado por otro ser más poderoso? Quizá el primer ser poderoso ha querido que el segundo ser poderoso no sepa de su existencia. Es como un tiburón en un acuario que afirma ser el animal más poderoso porque ha recorrido todos los confines del acuario.

Por mucho que el ser poderosísimo intente convencer al hombre y afirme que no hay nada más allá de él, no puede demostrar que no hay un ser por encima de él que lo ha creado a él y al universo y que incluso ha puesto en él la peregrina idea de que es el ser más poderoso que existe.

Este es el argumento. Una vez expuesto, examinaré la razón por la que Juanjo y Margarita no quedaron convencidos. Como habrá observado el lector, no he empleado la palabra Dios para definir a ese ser poderosísimo. Porque la palabra Dios suele llevar asociada la siguiente consecuencia: Dios es omnipotente. Es una consecuencia en modo alguno necesaria, como muestra el ejemplo del Dios de los socinianos, que es poderosísimo pero no omnipotente.

Si se entiende por Dios un ser omnipotente y se formula el argumento diciendo que Dios se aparece a un incrédulo, entonces, puede suceder, y de hecho sucede, que en vez de discutir esa situación hipotética en la que un hombre se encuentra con un ser que se pretende Dios omnipotente, se discute acerca de un concepto hipotético: el de Dios omnipotente. Todo esto recuerda el célebre argumento de Anselmo y la réplica del monje Gaunilo.

Podemos comparar la aparición de ese ser omnipotente con la de un caballo con un cuerno en su frente. Si decimos que un caballo con un cuerno en su frente se presenta a un hombre y le intenta convencer de que es un unicornio, se plantean dudas similares: puede tratarse de una mutación genética de laboratorio. puede ser un caballo al que se le ha insertado un cuerno, fijándolo en su cráneo, puede incluso tratarse de un sueño o de una alucinación. Así, podemos discutir los pros y los contras de la pretensión de ese caballo con un cuerno que se pretende unicornio. Pero en el planteamiento no afirmamos ni negamos desde el principio ni que se trate de un unicornio ni tampoco que sea tan sólo un caballo con un cuerno en la frente. Si me refiero a él como un caballo con un cuerno en la frente es porque esa es la apariencia de los unicornios, pero no estoy diciendo que efectivamente se trate de un caballo con un cuerno: podría ser realmente un unicornio. Ahora bien, si mi planteamiento fuese: “Un unicornio se presenta a un hombre”, da la impresión, no necesariamente buscada, de que estoy admitiendo desde el principio que se trata efectivamente de un unicornio. Lo mismo sucede con Dios. El problema, no del argumento en sí, sino de la comprensión del mismo, parece tener relación con el lenguaje y el metalenguaje, los diferentes niveles y metaniveles que se observan, por ejemplo, en los cuadros de Escher.

Es decir: el planteamiento se hace en un nivel determinado: una situación hipotética en la que a un hombre se le aparece un ser poderosísimo que afirma ser Dios (el ser más poderoso que existe). Esto es todo lo que hay.

El problema surge cuando saltamos a un metanivel en el que metemos la definición de Dios como ser omnipotente. Ahora ya no planteamos una situación hipotética en la que todo son dudas, sino que, por el contrario, partimos de nuestro concepto hipotético de Dios (hipotético en cuanto que no sabemos si se corresponde con algo que existe) y con él nos trasladamos a esa situación hipotética en la que un ser se aparece a un hombre y le dice que es Dios.

Ahora bien, incluso si iniciamos el argumento en ese meta-metanivel, creo que el argumento sigue siendo bueno. Si partimos de la idea de que efectivamente existe un ser omnipotente que ha creado el mundo, ni siquiera este ser omnipotente puede tener la certeza demostrativa de que efectivamente lo es. Dicho de otra manera: no puede existir un ser omnipotente, porque de existir, este ser omnipotente podría demostrar que lo es, lo cual no es posible. Una manera realmente curiosa de formular un argumento que tal vez sea equivalente al teorema de incompletitud de Godel, que afirma que ningún sistema formal se puede demostrar a sí mismo.

Podría seguir argumentado, pero dejo tiempo para hipotéticas respuestas.

NOTA: Cuando ya había escrito este artículo, releyendo El Hacedor, de Borges, encontré un poema que dice exactamente lo mismo que yo sostengo. Me parece improbable pero no imposible que mi opinión proceda de su poema, que ofrezco al lector a continuación, en la sección de Ajedrez de este mismo número (me refiero al soneto II).

(Publicado en Esklepsis 3, julio de 1997)