He mantenido en los últimos meses algunas discusiones teológicas bastante interesantes. Todo empezó con uan entrada que publiqué el 5 de diciembre de 2007…
Dice el Gaudapada Gita:
¿Cómo puede alguien creer que un ser inmortal puede cambiar su naturaleza y devenir mortal, mantener que lo inmortal —aunque le haya ocurrido esto— permanece sin cambio?
Es un argumento prácticamente irrebatible, al que los cristianos se tienen que enfrentar cuando definen a Dios como eterno y al mismo tiempo pretenden explicar su intervención en lo no eterno. Y creo que las respuestas de los cristianos son mera palabrería ante un callejón lógico sin solución.
Sin embargo, el propio Gaudapada no escapa a un reproche similar: La ilusión de la ilusión.
Gaudapada fue un filósofo indio que anticipó las ideas de la escuela advaita vedanta de Shankara, que renovaron el hinduísmo, aprovechando los hallazgos del budismo, que tras dominar durante varios siglos la vida intelectual de la India, fue apartado de nuevo por las doctrinas ortodoxas basadas en los Vedas. Los Vedas son los primeros textos religiosos indios, generalmente himnos a los dioses, y se supone que fueron escritos por los invasores arios que llegaron a la India tal vez hacia el año -1200.
Los Vedas fueron comentados en otros textos que se llaman Upanishads, y que tienen un contenido mucho más filosófico.
A su vez, los Upanishads fueron comentados en otros textos que se llaman karikas o comentarios. Gaudapada hizo un karika o comentario de uno de los Upanisads, el llamado Mandukya. Ese karika suele ser llamado Gaudapada Gita, algo que se podría traducir por la canción de Gaudapada o algo semejante.
Recibí una respuesta a mi opinión acerca del problema de los cristianos consistente en tener a un Dios eterno que sin embargo actúa e incluso se convierte en mortal (Jesucristo). El argumento de Gaudapada en el que señala ese problema probablemente se escribió no pensando en los cristianos, sino en los musulmanes, que ya habían llegado a la India o estaban cerca (Gaudapada vivió en el siglo VIII).
Esta es la respuesta, que procedía de una página cristiana:
¿Cómo puedes explicar que un ser que es eterno y que tiene los atributos de omnipotencia (todo lo puede), omnipresencia (está en todo los lugares siempre) y omniciencia (todo lo sabe), creador de todo, no [pueda] meterse en su obra de la forma de le plazca?
¿Acaso el autor de una novela no tiene la libertad de introducirse como un personaje en la historia que escribe?
Esto que vivimos y vemos lo invento Dios, ¿acaso el no puede hacer lo que quiera con las reglas de juego, que ni siquiera nosotros conocemos bien?.
Es un planteamiento interesante, aunque no se refiera estrictamente a lo planteado por Gaudapada o por mí.
Esto es lo que respondí:
Tu pregunta exigiría una larguísima respuesta. Sólo señalaré algunas cosas:
1) Según todos los teólogos cristianos, o la menos los más importantes, desde Agustín de Hipona a Tomás de Aquino, Dios es acto y en ningún caso potencia. Esa es una de sus cualidades, como las que citas de omnipotencia, omnipresencia y omniciencia. Pero el problema es que no se puede ser al mismo tiempo todo acto y al mismo tiempo cambiar.
2) El dilema lo intenta resolver cada teólogo a su manera, desde los ya citados a Escoto Erígena, y otros que son fascinantes en su intento de explicar lo inexplicable.
3) El problema llegó a su punto culminante tal vez en la discusión entre Leibniz y Clarke (tras el que se ocultaba Newton) acerca de si Dios intervenía o no intervenía en el mundo, por ejemplo a través de los milagros y la Revelación. El problema era grave, porque si Dios intervenía entonces, en primer lugar, el mundo no era perfecto y necesitaba de reparación constante (lo que va contra la omnipotencia, omnisciencia, etcétera de Dios).
Pero si no intervenía, entonces parecía que Dios era ajeno al mundo y su devenir (que es lo que significa vivir en la eternidad).
Newton, sin duda porque comprendía que era un problema insoluble (eternidad e intervención), era en secreto sociniano, es decir, creía que Dios no era perfecto, ni omnipotente y que sin duda era inmortal pero no vivía en la eternidad (no es lo mismo inmortalidad que eternidad, según los propios cristianos ortodoxos). Para Newton, Dios era muy muy poderoso, pero no omnipotente.
4) La comparación con el autor de la novela está bien (yo la hago a menudo, por ejemplo en:
Nozick y la justificación del mal
La autonomía de los personajes y Nozick
Autores, dioses y hombres
Sin embargo, la analogía falla en un punto importante: el autor de una novela cuando se mete en su novela, cuando la escribe o cuando la corrige CAMBIA. No es el mismo que era antes de hacer esas cosas.
Y lo que Gaudapada y yo discutíamos era precisamente eso: la inmutabilidad y eternidad de Dios. Con lo que tu comparación sirve para darnos la razón.
En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.
En cuanto al último argumento, el de nuestra ignorancia, es demasiado débil para tenerlo en cuenta.
Estoy de acuerdo en que ignoramos muchas cosas, pero no vale como argumento decir eso, porque entonces yo te podría decir: ¿Cómo sabes que existe Dios?
Parece que eres capaz de saber que existe Dios, lo que me parece una verdadera hazaña, y al mismo tiempo no aceptar discutir acerca de él y de las cualidades que le das. De nuevo te pregunto ¿Cómo sabes que Dios tiene todas esas cualidades? ¿No te parece pretencioso saber qué es lo que define a Dios (en caso de que exista)?
Y tremendamente contradictorio con tu opinión de que yo o Gaudapada o Newton no podemos opinar del tema.
De todos modos, agradezco mucho tu comentario.
Por cierto, el propio Gaudapada no se libra por su parte de caer en argumentos capciosos y palabreros (lo digo con todo respeto, pero creo que es la realidad) cuando tiene que defender su propio sistema. Puedes comprobarlo en: La ilusión de la ilusión
Más adelante se verá a qué me refiero con eso de que Gaudapada también utiliza argumentos capciosos. Pero antes, sigamos con la discusión, porque mi interlocutor, ese mismo día (5 de didciembre de 2007) me envió una nueva respuesta:
Cuando un autor entra como personaje en su novela, no cambia, al contrario se plasma en ella, sigue siendo él, se revela en su obra, no cambia, su naturaleza sigue siendo el mismo, y es mas ocurre algo interesante es capaz de cambiar su creacion sin ser cambiado en su naturaleza.
Sobre el estudiar o tratar de explicar a Dios, no es que no crea que se puede hacer el intento, lo que insisto es que tengamos en cuenta que las conclusiones teologicas a las que podamos llegar, están faltas de muchos datos que son incomprensibles a la mente, datos que no tenemos a la mano y para el colmo nuestro prejuicio sobre el tema.
Bien lo decia Kant, la verdad es incognocitiva, y es ahí donde está el gran don de los evangelios, si la verdad es inconogcitiva por eso es ella quien tiene que revelarse y lo hizo en Cristo.
Es por ello que reza la Torá muy bien al decir: “Lo oculto pertenece a Dios y lo revelado a nosotros y a nuestros hijos.”
La Torá son los libros sagrados de los judíos, no enteramente coincidnetes con el Antigüo Testamento de los cristianos.
Ese mismo día, volví a responder a mi corresponsal:
“Insisto en que un autor sí que cambia al escribir al meterse como personaje en una novela: cambia en cada línea que escribe, a cada momento que va escribiendo. La inmutabilidad de Dios impide ese cambio y más aún cosas como aquello de “Al séptimo día descansó” (¿descanso un Dios omnipotente?)
Además, yo, como escritor o autor que soy, considero que ya no soy el mismo tras cada libro que escribo. Sería triste que no me cambiara el hecho de escribir un libro.
Otra diferencia importante es precisamente que el personaje no cambia (El Don Quijote de Cervantes hace siempre lo mismo en su libro) mientras que nosotros, los seres humanos, sí que cambiamos (¿Nos reescribe Dios constantemente?). En cualquier caso la metáfora o analogía Dios-Autor con ser humano-autor puede ser más o menos precisa, pero, al fin y al cabo, las metáforas son sólo una manera de sugerir algo, pero nunca de demostrar algo.
Respecto a lo de estudiar o explicar a Dios…
Me temo que será una discusión difícil, porque deduzco que tú eres creyente. El problema al discutir con un creyente es que éste no busca la verdad, sino que quiere asentar una supuesta verdad ya aceptada de antemano por él: la creencia en su Dios.
En las discusiones yo prefiero buscar la verdad, aunque eso vaya en contra de mis teorías iniciales.
Creo, como decía Agustín, que en la discusión el que pierde, gana. Pero un creyente no está dispuesto a perder porque no busca honestamente la verdad que pueda surgir de la discusión.
Date cuenta simplemente de que tú pareces creer en Dios, y en ese Dios tan lleno de definiciones (omnipotente, omnisciente, etc) por la revelación de Cristo.
Pero para creer en la revelación de Cristo, primero hay que creer:
1) Que Cristo existió
2) Que lo que nos cuentan los evangelios es lo que Cristo dijo realmente.
3) Que la interpretación que se hace de los evangelios es fiable.
Simplemente pensando en el tercer punto, basta con recordar que en el cristianismo ha habido multitud de sectas e interpretadores (ahora mismo hay al menos tres ramas fundamentales: ortodoxos, católicos y protestantes). No cabe ninguna duda, por ejemplo, de que las creencias actuales y las de los primeros cristianos no coinciden en casi nada.
Así que no es tan sencillo saber a qué revelación debe hacer uno caso, porque no es Dios quien nos habla, sino sus interpretadores. ¿Por qué no creer, además, en la revelación de Mahoma o en la de Mitra o Zaratustra?
En definitiva, discutir acerca de la verdad o no de la Revelación es igualmente complicado. Yo prefiero discutir con honestidad acerca de la verdad, de las pequeñas verdades a las que podamos acceder, sin usar prejuicios tales como la creencia en una revelación, puesto que: ¿Cómo pueden resultarle siquiera convincentes los argumentos basados en la Revelación a quien no cree o duda de esa Revelación?
Si tú discutieras con un musulmán, él te diría lo mismo a ti que tú me dices a mí acerca de la Revelación, pero sustituiría el nombre de Cristo por el de Mahoma.
Así quedó la cosa durante más de tres meses, hasta que el 29 de marzo de 2008 llegó un nuevo mensaje, esta vez de alguien llamado Miguel:
Me parece que confundes los conceptos, aparte de calificar de deshonestos a los creyentes, así, en general. El creyente no renuncia a buscar la verdad, porque debe creer tras el examen cuidadoso de la realidad, incluyendo lecturas de autores de todo tipo a lo largo de la Historia, y tras una continua meditación y deliberación interior. Por ello, no podrá tener certeza de las atribuciones de Dios por medio de la fe. Sólo una deliberación racional le podrá conferir esa certeza, o la contraria en su caso. La fe es una esperanza que uno decide abrazar voluntariamente, pero no veo porqué eso excluye el examen crítico previo de la realidad del mundo y la existencia humanas. Es plenamente compatible con una mente racional, como fue un excelente ejemplo Tomás de Aquino.
Ah, y lo que creen los cristianos de ahora y los primitivos es básicamente lo mismo, pues creer en Dios omnipotente, la Trinidad, la Resurrección de Cristo y la vida eterna es el mismo Credo que hace 2.000 años, por mucho que muchas afirmaciones hayan sido matizadas o iluminadas.
Y esta fue mi respuesta:
Bueno, no sé si quedaba suficientemente claro por el contexto, así que lo aclaro aquí: en ningún momento he pensado o pienso que los creyentes,así en general, sean deshonestos, o que no puedan buscar la verdad, también así en general, o sobre los diversos temas particulares.
Sólo me refiero a la discusión concreta acerca de Dios con un creyente de cualquier confesión. Ese asunto es lo que los psicólogos llaman un punto ciego: una región intelectual en la que uno deja de razonar de la manera en que lo hace normalmente. Les sucede también a las personas muy ideologizadas, o a las personas obsesionadas o enamoradas.
Cuando uno discute, digamos, con un comunista fervoroso, o con un fascista acerca de sus ideas políticas, uno sabe que la discusión no va a ser acerca de la verdad de esto o aquello, sino acerca de todas las verdades que confirman y refuerzan su fe ideológica. Todos sabemos lo difícil que son esas discusiones, porque el esfuerzo por argumentar de manera razonable resulta absolutamente baldío, fatigoso y frustrante: no van cambiar de opinión aunque se queden sin una sola razón coherente.
A eso me refería. Cuando uno habla con un católico, sabe que esa persona va a defender esto o aquello porque eso es lo que defienden los católicos, no porque él haya llegado a esas conclusiones por su propio razonamiento (o por la lectura objetiva de sus textos sagrados).
Como decía Algazel, el que nace en un país cristiano se hace cristiano y el que nace en un país musulmán se hace musulmán, y defienden lo que les dicen que el cristianismo o el islam defiende.
En cuanto al ejemplo de Tomás de Aquino, al que he leído con verdadero placer, si te soy sincero, pienso que es un talento desperdiciado, viéndose obligado a justificar y argumentar dogmas que a veces son verdaderos absurdos, indignos de su capacidad y su intelecto.
Pero como esa era la doctrina cristiana…
En cuanto a que los cristianos de ahora y los de hace 2000 años crean lo mismo, bueno…
Todos sabemos que se impuso en su momento una interpretación determinada del cristianismo, que probablemente no tenía mucho que ver con el mensaje de Jesucristo.
Por poner un ejemplo, lo que mencionas de la Trinidad. No existe ninguna mención en todo el Nuevo Testamento a ese concepto tan artificial, que fue establecido, sino recuerdo mal, en el Concilio de NIcea, hacia el año 300 después de cristo.
Es obvio que es una idea completamente contraria a las enseñanzas e Jesucristo, quien en ningún momento puso en duda de ninguna manera que Dios, como creían los judíos (y el era judío) era Uno, y una sola y única persona.
Baste con ese ejemplo para mostrarte como un católico o un ortodoxo (puesto que la mayoría de los protestantes rechaza la Trinidad) tiene que defender cosas no buscando la verdad, sino buscando adecuarse a lo que decidieron unos señores más preocupados por el poder y por combatir a los arrianos (que no creían en la Trinidad) que por la búsqueda de la verdad o la coincidencia y el respeto a lo que pensaba su propio Mesías y Dios, Jesucristo.
A cosas como estas me refería.
Y aquí se ha quedado la cosa por el momento. A lo largo de la polémica he dicho varias veces que Gaudapada (el culpable al fin y al cabo de todo este embrollo) caía en argumentos tan capciosos como el del Dios inmutable y mutable del cristianismo. Lo de Gaudapada lo explico en La ilusión de la ilusión, texto que también tuvo respuestas (en paralelo con las del asunto de la eternidad que ya hemos visto):
Como pasa en todas las doctrinas monistas o no dualistas, tampoco en el Gaudapada Gita (de la escuela advaita vedanta) se consigue explicar la ilusión.
Sí, todo es ilusión (maya), no hay esto y lo otro, no hay ni siquiera Atman y Brahman, sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión? Es un problema idéntico al que ellos mismos critican en los que, como los cristianos, creen en un Dios eterno fuera del tiempo: ¿cómo puede intervenir lo eterno, que es siempre actual, en lo transitorio (y potencial) sin dejar de ser eterno?
¿Por qué en algo indiferenciado puede darse algo como la ilusión? ¿Acaso no es diferente la ilusión de [aquello que] es sólo real y no ilusorio? Las respuestas a esta cuestión son en las doctrinas indias semejantes a las cristianas: pura verbosidad, enredo y palabrería.
Llegaron dos comentarios de Tintín:
“…sino que todo es imaginario e ilusorio. Pero si es así, ¿cómo de algo no dual surge la ilusión?….”
Ttodo no es imaginario ni ilusorio. Lo Real no es maya ni ilusión. La ilusión está en nuestra percepción de lo Real y no en lo Real. Por lo tanto de lo no dual no surge la ilusión.
Por cierto, ¿es verdad que Gaudapada era en origen un budista? esto es lo que sostienen algunos autores. Por otra parte, desde sus inicios, las otras escuelas filosóficas indias siempre han acusado al vendanta de ser un budismo disfrazado.
Respondí así a los dos comentarios:
Respuesta al primer comentario de Tintin:
Primero debo aclarar que hablo de lo dual sólo en relación con la doctrina advaita del no dualismo.
Pero el que esa doctrina sea más o menos plausible o no, no significa necesariamente que también sea correcto o incorrecto el dualismo.
A veces el materialismo, por ejemplo, puede ser llamado monismo, pero otras, quizás con más razón, pluralismo. Pero raramente se lo podrá llamar dualismo (en el sentido de distinción espíritu/materia). El materialismo no es que elija la materia frente al espíritu, sino que niega el espíritu. Con esto quiero decir que los advaita no dualistas no se enfrentan primeramente a una doctrina semejante al materialismo, sino más bien a algún tipo de dualismo que cree en la distinción espíritu/materia. Por ejemplo el maniqueísmo persa, el cristianismo o el Islam. No sé exactamente a qué dualistas se enfrentaba exactamente Gaudapada, aunque por las fechas en que vivió, no resulta improbable que tuviese en el punto de mira a los musulmanes, puesto que el Imperio Persa ya había sido borrado del mapa por los árabes unos cien años antes.
Después de esta larga aclaración, debo decir que no sé a qué te refieres exactamente. Creo que dices que lo ilusorio no tiene su origen en lo no dual, sino que es tan sólo una mera percepción errónea: no hay ilusión en lo Real, lo que, por ello, puede seguir siendo no dualista sin contradicción.
Bueno, suena bien, pero creo que el problema permanece: la ilusión (o nuestra percepción errónea) también pertenece a lo Real. Es parte de lo real (si no fuese así, seríamos dualistas).
En consecuencia, esa realidad no dual nos causa a nosotros y a nuestra percepción y, en definitiva, causa esa ilusión. La pregunta permanece: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge la percepción de una diferencia?, ¿por qué surge la percepción de una ilusión?
La pregunta, por supuesto, podría ir más lejos: ¿por qué de algo único e indiferenciado surge siquiera una percepción?
Respecto al segundo comentario de Tintin:
Sí, se dice que Gaudapada fue primero budista, y él se muestra elogioso con los budistas y los respeta. Pero dada la época (hacia el 800 dC) y que los budistas habían sido expulsados de la India, parece inevitable que se volviese a los diversos vedismos (y vedantismos) que querían recuperar el prestigio de todos modos perdido ante una doctrina como el budismo, que, aunque vencida, había demostrado ser capaz de crear una metafísica mucho más sutil y, por supuesto, una ética infinitamente superior a las escuelas basadas en los Vedas.
Queda por recordar los textos que cito acerca del autor y los personajes. Son estos:
1995:
Dice Nozick, en Ficción, respecto al problema del mal, que no juzgamos que el autor de una novela sea intrínsecamente malo por hacer sufrir a sus personajes.
No si los personajes no sufren realmente. ¿Fue, dice Nozick, el padre de Hamlet realmente asesinado?
La analogía con un mundo ficticio y un sufrimiento ficticio es evidente, y puede acercarnos al Bhagavad Gita, pero nosotros sí existimos realmente…
Aquí tenemos otro Gita, esta vez el más famoso, La Bhagavad Gita o Canción del Bienaventurado, que es una parte del larguísimo Mahabarata. Pero para entender a qué me refería con lo de Nozick, escribí un comentario:
En lo anterior me refiero a varias cosas, aunque lo haga de manera sintética, y por tanto confusa.
Hay una comparación implícita entre el autor de una novela y sus personajes y el autor del universo (Dios) y los hombres. Lo que yo discuto es un aspecto crucial en esta comparación entre autores y Autores: el hecho de que sus criaturas sufren realmente.
En la Bhagavad Gita también se plantea la muerte y el sufrimiento de los hombres como aparentes, lo que sirve para justificar toda la crueldad que se le exige al príncipe Arjuna.
En la Bhagavad Gita, en efecto, Krishna se aparece al guerrero Arjuna, que duda si iniciar un combate contra sus propios parientes. El dios le convence de que en la mecánica del universo esa guerra (y todas las guerras) son necesarias, incluso buenas. Es un poema hermosísimo con un propósito moral detestable.
En otro texto también me refería a ese breve y estimulante ensayo de Robert Nozick llamado Ficción:
1993:
La agudeza de Nozick en Ficción continúa en la discusión acerca de si el autor aprende acerca de sus personajes a medida que escribe. Recuerdo todas esas frases de escritores que parecen quejarse de que sus personajes acaban cobrando vida propia y creando la novela al margen de los deseos del autor.
En un comentario aclaraba también esto:
1994:
Últimamente ha habido una pequeña polémica entre Cela y Javier Marías. Cela decía que los personajes enseguida tomaban el control, Marías que dejar que los personajes tomen el control es ser un escritor demasiado débil. Yo creo que más que tomar el control, cuando escribes algo sobre la marcha, sin rígidos esquemas previos, no es que los personajes tomen el control: es que la coherencia interna lo exige. Del mismo modo que cuando juegas al ajedrez o a cualquier otro juego con unas reglas, las variantes pueden ser infinitas, pero siempre dentro de la legalidad.
Este es un tema sobre el que se suelen montar grandes polémicas entre los escritores, en las que parece haber una especie de reproche moral a quienes se dejan dominar por sus personajes. Pero yo creo que ambas cosas son posibles: dominar a tus personajes y dejarte dominar por ellos (entendido de la forma en que lo acabo de explicar, pero también, si se quiere, de una forma incluso más posesiva). Es uno de esos temas en los que se forman dos bandos enfrentados sin que haya una verdadera razón para ello.
Y había un tercer texto relacionado con Nozick y los personajes:
1993:
Creo que Nozick, en Ficción, propone aquello que creo haber escrito: el primero (el primer autor) crea al segundo, éste al tercero, etc., hasta llegar al último, que crea al primero. Supongo que es algo que habrán pensado muchos antes que yo.
También imaginé una variante: los hombres crean a los dioses literalmente, mediante su fe. Y esos dioses a su vez crean a los hombres.
Y aquí acaba el asunto despertado por Gaudapada, que parece un gran incitador, pues ya en el blog anterior a este mantuve una conversación acerca de la ilusión (y pensaba en Gaudapada al iniciarla). Puedes leerla con este enlace:
La ilusión de la ilusión
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